La mala educación

recogida alimentos
recogida alimentos

Foto perteneciente a http://www.mlvquintanar.com

Esta tarde he ido a comprar a un súper del barrio y nada más entrar me ha saludado una señora mayor que informaba a todo el que entraba de que estaban realizando una campaña de recogida de alimentos (como tantas otras que se hacen por estas fechas) para que la iglesia pudiera repartirlos entre las personas más necesitadas.

He entrado pensando en que todavía queda gente que emplea su tiempo en hacer cosas por los demás, y eso es de agradecer. He comprado lo que necesitaba y he metido en la cesta dos litros de leche y una bolsa grande de magdalenas, no es mucho, me he gastado poco más de lo que cuesta tomarse un café con leche en un bar, pero he pensado que si cada uno aportáramos nuestro granito de arena, no sólo ahora, sino en cualquier fecha del año, podríamos ayudar a mucha gente que de verdad lo necesita y más aún en estos tiempos que corren.

Una vez en la fila de la caja no sé si me ha alegrado más el ver que todo el mundo ponía algo en ese carro, o la cara de felicidad que tenía esa señora cada vez que alguien metía algo dentro del mismo.
Hasta que ha entrado una mujer, de unos 60 ó 70 años, y cuando la señora le estaba explicando lo que estaba haciendo y para qué lo pedía le ha replicado en voz muy alta que “pensaba que era el día del cliente y le iban a regalar algo” y que “mañana vendré yo, me pondré con otro carro y pediré para lo que a mí me dé la gana”. Lo ha hecho de un modo tan despreciativo que no he podido reprimir la rabia. Lo que no tenía que haber callado eran las ganas de decirle “ojalá mañana sea usted quien lo necesite y todas las personas con quien se encuentre piensen de la misma manera”.

No es obligatorio ser solidario, ni tan siquiera por Navidad, pero la mala educación debería estar prohibida. ¿Tanto cuesta decir “no me interesa” o simplemente ignorar a la señora si uno no está de acuerdo?

Me quedo con todas esas personas que dedican su tiempo y lo poco o mucho que puedan aportar y, que por suerte, son mayoría.